Literario - José Joaquín León Morgado


José Joaquín León Morgado, Soledades de hoy y de siempre (1999).

 

Se puede estar rodeado de una multitud en soledad. Porque se puede entender esa soledad como un hecho físico, objetivo, de no haber nadie más, y también como una circunstancia personal, subjetiva, relacionada no con la realidad del entorno, sino con los sentimientos.

 

Por eso, las soledades no son de ahora, ni de antes, sino de siempre. Y hay que relacionarlas con lo más íntimo del ser humano, con ese punto al que nadie puede llegar, tan sólo uno mismo. Vemos a la Virgen y no hay nadie más con Ella. Se diría que incluso el día de salida ese clausurar la Semana Santa sevillana en la noche del Sábado Santo, como antes en la del Viernes, contribuye a darle significado. Pero la Virgen no está sola porque apenas la acompañe la cruz vacía, la ausencia del Hijo muerto, sino porque las soledades están dentro de su corazón. Sin Él ya no hay nadie más. Aunque vaya camino de San Lorenzo acompañada sólo por la luna, como en el verso, o por miles de sevillanos como sucede, nadie podrá evitar ese sentimiento hondo del dolor en el fondo de su corazón. No hay consuelo posible.

 

Sin embargo, es su Soledad la que cura nuestras soledades. Es su presencia, única y tan sublime, la que nos lleva a sentimos tan cerca de Ella. Contemplando su dolor, su paso decidido entre las tinieblas de una noche que sólo Ella ilumina, encontramos la compañía celestial que en ningún otro sitio existe.

 

Se han cumplido recientemente los treinta años de la muerte de Joaquín Romero Murube, hermano tan significativo de nuestra hermandad, a la que no sólo dedicó bellísimas páginas, sino que prestó su entrega y servicio personal durante tantos años. Hay quien se ha planteado por qué Romero Murube era cofrade de la Soledad, por qué teniendo en cuenta su lugar privilegiado, su voz reconocida en el mundo cofrade sevillano no se reubicó en otra hermandad más poderosa y se quedó en la suya, en la que él mismo definió en algún momento como pobrecita, olvidada y marginada por muchos.

 

Precisamente, por todo lo que significa su hermandad, Joaquín Romero Murube fue un soleano convencido y militante. Desde su altura moral, desde su Alcázar, atalaya privilegiada de la Sevilla más clásica e inmortal, supo ver siempre allí donde otros no llegan. Entró en las profundidades cofradieras y sabía que la Soledad representa todo lo que él defendía: la verdad de la Semana Santa sin añadidos inútiles, la tradición mariana más amorosa de Sevilla, una forma de ver el cielo en la ciudad, la respuesta a nuestras soledades del alma.


el 26 Noviembre 2011
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